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Vuelta a la isla en San Andrés: La guía definitiva para dominar la ‘Mulita’ y escapar de lo común

Hay un momento exacto, casi mágico, cuando llegas a San Andrés. Es ese instante en el que logras escapar del caos vibrante del centro, dejas atrás las tiendas de perfumes y el tráfico de motocicletas que zumban como abejas, y tomas la carretera circunvalar. Ahí, justo ahí, el ruido desaparece y es reemplazado por el sonido del viento golpeando contra el techo de lona y el rugido de un motor que pide aventura.
Si estás leyendo esto, es porque no eres del tipo de viajero que se conforma con ver la isla a través de la ventana de un bus con aire acondicionado, esperando a que el guía te diga cuándo bajar y cuándo subir. Tú quieres el control. Quieres sentir la brisa salada pegándote en la cara, el sol caribeño bronceándote el brazo izquierdo y la libertad de detenerte donde te dé la gana.
Por eso, la vuelta a la isla en San Andrés a bordo de una Mulita no es solo una actividad turística; es un rito de paso. Pero ojo, aunque la isla parece pequeña en el mapa de San Andrés, tiene sus trucos, sus baches y sus secretos. Como viajero que se ha recorrido estos 30 kilómetros de asfalto cientos de veces, te voy a contar la verdad: lo bueno, lo malo y lo que nadie te dice sobre conducir en este paraíso.
¿Por qué una Mulita y no un taxi?
Primero, aclaremos términos. En San Andrés verás de todo rodando por las calles. Pero el alquiler de mulas en San Andrés ha desplazado casi por completo al tradicional carrito de golf eléctrico.
La razón es simple: potencia y autonomía.
El carrito de golf es romántico y silencioso, sí, pero San Andrés no es totalmente plana. Cuando quieras subir hacia “La Loma” (el corazón habitado de la isla) o necesites un poco de fuerza para rebasar, el carrito de golf se va a quedar corto, y te aseguro que no quieres quedarte varado a mitad de una cuesta con 30 grados de temperatura.
La Mulita (aunque ya le decimos así a cualquier vehículo utilitario similar) es un 4×4 robusto, generalmente de gasolina. No es un vehículo de lujo; es ruidoso, vibra, la dirección a veces es dura y no corre mucho. Pero ahí radica su encanto.
– Libertad absoluta: No dependes de horarios. Si te enamoras de una playa en San Luis, te quedas tres horas. Si no te gusta el sitio, te vas en cinco minutos.
– Ventilación natural: Aquí no hay ventanas. El aire acondicionado es la brisa del Caribe.
– Capacidad: Son perfectas para familias o grupos de amigos, ya que suelen acomodar de 2 hasta 6 personas cómodamente.
Comparado con un taxi, la Mulita te sale mucho más económica si planeas hacer múltiples paradas. Un taxi te cobrará por cada tramo o una tarifa alta por esperarte. La Mulita es tuya por el día (generalmente de 9:00 a.m. a 5:00 p.m. o 6:00 p.m.).
La Ruta Ideal: Entendiendo el mapa de San Andrés

La isla tiene forma de caballito de mar y la carretera principal la bordea casi por completo. La mayoría de los turistas cometen el error de salir del centro y girar hacia la derecha (hacia el oeste). Mi recomendación profesional es: analiza tu hora de salida.
Si sales temprano (9:00 a.m.), ve hacia el Este (San Luis). Si sales tarde, ve hacia el Oeste para atrapar el atardecer. Vamos a suponer que eres madrugador y quieres aprovechar el día completo.
Tramo 1: El Lado Oriental y la magia de San Luis
Apenas sales de la zona comercial y tomas la vía hacia el aeropuerto y más allá, el paisaje urbano de cemento cambia drásticamente. Entras a San Luis.
Aquí es donde vive la gente raizal. Las casas de concreto desaparecen y dan paso a la arquitectura tradicional: madera pintada de colores vivos, porches amplios y techos a dos aguas. Baja la velocidad. Aquí la vida pasa lento. Lo primero que notarás es la música. No es reguetón de discoteca; es reggae clásico, calipso o soca saliendo de los enormes parlantes (“picós”) en las terrazas o en los pequeños kioscos de playa.
Las mejores playas de San Andrés, si buscas tranquilidad, están aquí. A diferencia de Spratt Bight en el centro, en San Luis la arena es más suelta y el oleaje un poco más activo.
– Parada recomendada: Playa de Rocky Cay. Estaciona la Mule (siempre en lugares visibles o parqueaderos habilitados, nunca la dejes sola en medio de la nada). Puedes caminar hacia el cayo si la marea está baja. El agua aquí tiene tonos turquesa que parecen editados en Photoshop, pero son reales.

Tramo 2: El extremo Sur y el Hoyo Soplador
Siguiendo la carretera, llegarás a la punta sur de la isla. Aquí el tráfico baja y la carretera se siente más solitaria. Es el momento perfecto para probar la potencia de la Mule y disfrutar del paisaje.
Llegarás al famoso Hoyo Soplador. ¿Vale la pena? Hablemos con sinceridad. Es un fenómeno natural donde el agua del mar entra por túneles subterráneos en el coral y sale disparada hacia arriba como un géiser.
– La realidad: Solo “sopla” cuando hay marea alta y viento fuerte. Si el mar está como un plato, solo verás un hueco en la piedra.
– El ambiente: Es un sitio muy turístico. Te van a ofrecer “Coco Loco”, te van a ofrecer entrar a tiendas de recuerdos. Si no te gusta el asedio de los vendedores, baja, mira rápido y sigue. Si te gusta la recocha y quieres la foto icónica con el pelo alborotado, este es el lugar.

Tramo 3: El Lado Occidental (West View y La Piscinita)
Al dar la vuelta por el sur y comenzar a subir por el oeste, prepárate para un cambio radical. Aquí no hay playas de arena. La costa es de roca coralina afilada (“diente de perro”, le llamamos) y el mar es profundo, de un azul oscuro e intimidante pero hermoso.
Aquí es donde conducir en San Andrés se vuelve un placer visual. Tienes la pared de roca a tu derecha y el inmenso mar Caribe a tu izquierda. El atardecer en este lado de la isla es un espectáculo que debería cobrar entrada, pero es gratis.
Las paradas obligatorias aquí son para hacer snorkel:
– La Piscinita: Un balneario natural tranquilo, ideal si vas con niños o quieres ver peces sin mucho esfuerzo. Tiras un pedacito de pan y el agua hierve de peces de colores.
– West View: Este es para los aventureros. Tiene un trampolín alto, un tobogán que cae directo al mar y una zona de buceo. Es más concurrido, suena música fuerte y hay mucha energía. El agua es tan cristalina que ves el fondo a varios metros de profundidad.

Tramo 4: La Cueva de Morgan y el regreso
Ya subiendo de nuevo hacia el centro, encontrarás la Cueva de Morgan. ¿Es una trampa para turistas? Un poco. ¿Es divertida? También. Es un complejo temático donde te cuentan la leyenda del pirata Henry Morgan, quien supuestamente escondió sus tesoros allí. La cueva en sí es pequeña y oscura, pero el recorrido incluye museos del coco y muestras de baile típico. Si te interesa la cultura y la historia, entra. Si solo quieres mar y playa, puedes saltártela y nadie te juzgará.

Guía de supervivencia: Lo que nadie te explica al alquilar
Conducir una Mulita no es ciencia nuclear, pero tiene sus mañas. Para que tu experiencia no pase de “aventura épica” a “dolor de cabeza”, ten en cuenta estos datos prácticos:
Revisa el vehículo como si fueras un mecánico
Antes de firmar nada y salir del local de alquiler, saca tu celular.
– Fotos y video: Graba una vuelta completa al vehículo. Enfoca cada rayón, cada golpe en el parachoques y el estado de los asientos. Esto es tu seguro de vida para que al devolverla no te cobren por un daño que ya estaba.
– Frenos y Dirección: No arranques a la carretera de una. Prueba los frenos en la cuadra. Las Mules son pesadas y no frenan en seco como un carro moderno. La dirección suele tener “juego” (se mueve un poco antes de girar), acostúmbrate a eso antes de acelerar.
El tema de la gasolina
La mayoría de las empresas te entregan la Mulita con un poco de gasolina y tú debes devolverla igual. Ojo: en la isla no hay bombas de gasolina en cada esquina. Básicamente, hay una gran estación en el centro y otra bajando hacia el sur por la vía San Luis. Si ves que el indicador está bajando de la mitad y estás lejos del centro, tanquea. Quedarse varado por gasolina en la parte sur de la isla, donde la señal de celular a veces falla, no es el plan.
Tráfico en San Andrés y Policía
El tráfico en San Andrés en el centro es caótico. Motos por la derecha, por la izquierda, gente caminando por la calle. Mantén la calma y ve despacio. En la carretera circunvalar es más relajado, pero ojo con la velocidad. Aunque la Mule no corre mucho, hay límites (30 km/h en zonas residenciales).
¿Necesito licencia? Sí, debes portar tu licencia de conducción vigente (nacional o internacional).
Alcohol: La policía hace retenes. Y son estrictos. Si te tomaste tres “Cocos Locos” en el Hoyo Soplador, que maneje otro. Las multas son altas y te inmovilizan el vehículo.
Seguridad: No dejes bolsos ni celulares visibles en la Mule si te bajas a la playa. Aunque la isla es segura, la ocasión hace al ladrón.
El Consejo de Exploria: El secreto de La Loma
Aquí viene el dato de oro, ese que justifica haber leído hasta aquí.
La mayoría de la gente hace la vuelta a la isla solo por la costa. Gran error. La verdadera alma de San Andrés está arriba, en la montaña. Cuando estés por el lado de San Luis o subiendo desde el sur, busca los desvíos que dicen “La Loma” o “The Hill”.
Sube con tu Mulita (asegúrate de que tenga fuerza) hasta la Primera Iglesia Bautista. Es el punto más alto de la zona habitada. Puedes subir al campanario de la iglesia (cobran una entrada simbólica que ayuda al mantenimiento) y tendrás, sin exagerar, la mejor vista panorámica de todo el archipiélago. Verás los siete colores del mar desde arriba, el verde de la vegetación y la inmensidad del horizonte.
Además, en La Loma se siente el San Andrés antiguo. Verás a los locales hablando creole en los porches, caballos pastando y una paz que no existe abajo en la playa. Es un desvío de 30 minutos que cambiará tu percepción de la isla.

¿Te animas a tomar el volante?
Dar la vuelta a la isla en una Mule es desconectarse del mundo para conectarse con el Caribe. Es terminar el día con el cabello enredado por el viento, la piel con sal y una sonrisa de oreja a oreja, sabiendo que conociste San Andrés a tu manera.
Pero entendemos que no todo el mundo quiere lidiar con el mapa, la gasolina o el tráfico del centro. A veces, uno solo quiere sentarse, tomarse una cerveza fría y que alguien más conduzca.
Si ese es tu caso, en Exploria no solo te ayudamos con el alquiler de mulas seguras y verificadas; también ofrecemos el servicio de Vuelta a la Isla Privada con Conductor. Un experto local (como yo) te llevará a estos rincones y a otros que no salen en Google, contándote las historias de la isla mientras tú solo te preocupas por disfrutar.
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